Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris demiürg. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris demiürg. Mostrar tots els missatges

7 de des. 2017

YO, ATEO

Dios está en todas partes. En el cielo, sentado en un trono de oro y arropado por todos los ángeles, santos y demás. O en la Tierra, habitando sus enormes palacios de piedra y mármol, de pureza y jerarquías. Y a veces, también lo podemos hallar en otros lugares. Buscad en las lágrimas desconsoladas de unos padres que, fervientemente creyentes, no vacunaron a su hijo pequeño, por miedo a corromper su pureza infantil, y ahora es demasiado tarde. Husmead en algún juzgado de abuso a menores, puesto que quizás, en los calzones del acusado, encontréis a Dios. O iros a Irak, Siria, Birmania, a alguno de aquellos lugares lejanos, habitados por marcianos, no merecedores, sin duda, de nuestra empatía, a ver si, en algún cuello degollado, o en alguna mujer sometida al menosprecio, a vivir una vida infrahumana, halláis a Dios.

Y estoy siendo extremadamente falaz, puesto que sé, y entiendo, que Dios es mucho más que esto. Pero a su vez, me estremezco al pensar, en ocasiones, como el bien que este puede llegar a producir, se convierte en su salvoconducto, para seguir perpetuando sus mayores y más terribles vilezas. Levantémonos, pues, contra Dios. ¿Por qué debemos creer en Dios?

En realidad, ¿A dónde quiero ir a parar, con estas líneas? ¿A qué páramo me llevarán, si sigo adelante? Quizás, solo sea una leve sacudida, la de un prisionero desesperado con liberarse de ardientes cadenas, salir de la mazmorra, y admirar el sol, sin juicios y libre. Aunque liberarse de tal tirano, no debería ser demasiado fácil. Sometidos al yugo del esclavo, ¿nos quedará algún atisbo de esperanza?

Dios es tan complejo, tan lleno de falsas ilusiones, una nube borrosa de incongruencias y mentiras, que acecharlo, o tan solo aspirar a ello, se convierte en una ardua tarea, en un descenso al inframundo, sin posibilidad de volver a salir. Deberemos concentrar nuestro poderío en un punto, aglutinar nuestra energía en aquel lugar, para entonces, clavar nuestro aguijón y socavar, con firmeza, al gigante con pies de barro, al ser soberbio que nos subyuga, y nos obliga, sumisos, a vivir debajo de sus alas. ¡Basta, más, no te necesitamos!

¿De dónde venimos? ¿Qué somos? ¿Por qué existimos? ¿Hacia dónde vamos? Estos, y solo estos, son los pilares de Dios. Si los destruimos, llenándolos de luz y razón, limpiándolos de las telarañas de fe y credulidad, habremos vencido. ¡Empecemos!

Venimos de la nada, y no debemos avergonzarnos. Somos hijos del azar y la necesidad, como dijo alguien una vez, o polvo de estrellas, como exclamó otro, sabiamente y alegre de conocer, su conexión, con el resto del Cosmos. El sueño ataráxico de nuestro “antes”, debería, justamente, tranquilizarnos para el “después”. Y ser, para a continuación desvanecerse, no tendría que resultar un problema para alguien que, piensa, y luego existe.

¿Por qué menospreciamos nuestro nacimiento, nuestra “no” creación por nadie, si justamente, eso la hace maravillosa? Ser el resultado de la evolución, sin guía ni objetivo, hacia ninguna parte, sin la esperanza de culminar nada, solo selección y casualidad… ¿No es extraordinario, llegar a conocerse, para entender, al final, que no somos aquel hijo prometido, sino, únicamente, una rama en la copa de un árbol, quien, presumida, se observa en un lago, pensando, ¡Oh, pobre ilusa!, que es única e importante? Y después, hallar, con sorpresa ¿y temor?, que se encuentra en un bosque, acompañada de más ramas, cada una diferente, única, y semejante, pero sobretodo, libre de cualquier guía o ente corrupto, deseoso de tomar las riendas, y rebajarla a una simple creación. No abandonemos nunca, pues, el bosque de las ramas, allí somos libres, y en sus brazos, no.

Llegamos al término de nuestro viaje. Pero recuerda, antes de partir, unas pocas premisas más, deberás recordarlas, para protegerte de él.

Aparecimos, no nos crearon. Y eso es asombroso.

La belleza de la vida no son los elementos que la conforman, sino la forma con la que estos están dispuestos. Debemos nuestra complejidad al azar, y fue la selección natural, a ciegas, quién nos construyó, amontonando las piezas unas encima de las otras, y ese aparente desorden, nos hace admirables.

No hay nada despreciable en existir sin horizonte ni finalidad. Construirlo es decisión de cada uno, y ninguna opción que tomemos será la correcta, aunque hacerlo, puede ser divertido.

Temer aquello que nos es desconocido es natural e incluso razonable, pero vigila, no te dejes engañar; el camino, siempre es mejor que la posada.


Y si Dios te tienta con un abrazo, no cedas, amigo, a sus finas palabras, lucha contra su poderío, y donde él siembre su fe y sus promesas, esparce tu incertidumbre, y donde él grite sus milagros, abátelo con tu desconocimiento, y cuando caiga, abatido por el cansancio, sorprendido de tu resistencia, remátalo, con la duda, pues para eso somos inteligentes, para dudar de todo.

29 d’abr. 2016

MALA SORT (Microrelat)

Hi han, doncs, infinits universos en el temps, en el Tot que ens envolta, i cada un té una historia diferent. Alguns son mons terribles, altres meravellosos, i també n'hi han de molt estranys. T'agradaria escoltar una llegenda sobre un d'aquests orbes? Consideraré el teu silenci com a un Sí. “Hi havia una vegada un demiürg molt poderós. Dirigia magnànimament un ric i fastuós Univers, el més gran de tots els temps. Era un magnífic constructor i un hàbil enginyer, i dotà al seu propi Cosmos d'una gran quantitat de luxe i comoditats. A tot arreu el veneraven i l'estimaven, i la pau restava inalterable entre les estrelles. Com a geni creador, el Demiürg també era un expert de les matemàtiques, i sovint passava el temps inventant teoremes i models de càlcul infinitesimal. La seva temàtica favorita, però, era la Probabilística. Tal era la seva afició, que un cop intentà recrear les millors obres literàries del seu món, ajudat únicament per un grup de primats teclejant unes màquines d'escriure a l'atzar. Acabà amb tres-cents cinquanta tres manuals de cuina i una bíblia, però no aconseguí cap llibre de valor. Enfadat amb els pobres resultats, és llançà a la recerca d'un objectiu més ambiciós: Arribar a l'infinit probabilístic del llançament d'una moneda, o dit amb altres paraules, obtenir una probabilitat igual a un mig. Per a dur a terme el seu nou experiment, s'aïllà en un extrem de l'Univers, més enllà dels titànics Quàsars, i començà a llançar la moneda. Primer llançament, cara. Segon llançament, cara. Tercer, quart i cinquè, tres cares. Mil dos-cents quaranta-novè llançament, cara. L'estupefacte Demiürg és sentia extasiat i preocupat alhora. No podia creure que desprès de més d'un miler de llançaments, només hagués obtingut un dels dos resultats possibles. Necessitava arribar fins al final, demostrar la futura rectificació de l'experiment. Utilitzaria la seva pròpia eternitat si calgués.”
Imagino, per la teva expressió, que ansies saber el final d'aquesta llegenda. Molts savis han volgut esbrinar l'ocorregut en aquell Cosmos, però ningú ha estat capaç de conèixer la veritat. I jo evidentment, també la desconec. Malgrat tot, reconec haver fet les meves conjectures. Diuen que l'absència del Demiürg, aïllat i solitari en el més fosc racó de l'univers, desencadenà un seguit de catàstrofes, terribles, les quals desembocaren en la extinció d'aquell món. Les estrelles es glaçaren, esdevenint diamants, i les galàxies, col·lapsades, es tornaren inhabitables i inhòspites, cementiris d'allò que un cop foren. Els éssers i les consciències d'aquell món embogiren i es mataren entre ells. Ningú els pogué salvar.
I mentrestant, el Demiürg restà impassible, submergit en la seva profunda psicosis i envoltat d'un número creixent de cares, sense obtenir, en cap llançament, una sola creu.

Sol, més enllà dels Quàsars, fins la fi de l'Eternitat.


god
Utilitzaria la seva pròpia eternitat si calgués



ANDRÒMEDA

A la llunyania, marxava Andròmeda. I a la llunyania, reia Andròmeda. Tenyia el cel d’or i plata incandescents, mes el seu fulgor era d’un ...